Parece que hay un problema de percepciones. El Presidente basa su popularidad en una imagen que podría describirse como la del Lula salvadoreño. Hay mucha gente que cree que él realmente es como Lula, o como Felipe González, o como Tony Blair, o como los grandes reformadores de la izquierda que cambiaron los parámetros de la política en sus países. No lo es. Todos estos reformadores cambiaron la política de sus países porque tomaron rígidos partidos extremistas de izquierda, que habían quedado tan atrasados como lo está ahora el FMLN, y los transformaron en partidos modernos de izquierda democrática, que ya no buscaban destruir la economía de mercado sino fortalecerla, generando una estabilidad que fomentó la paz social y el progreso económico.
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El emperador no tiene ropas
Parece que hay un problema de percepciones. El Presidente basa su popularidad en una imagen que podría describirse como la del Lula salvadoreño. Hay mucha gente que cree que él realmente es como Lula, o como Felipe González, o como Tony Blair, o como los grandes reformadores de la izquierda que cambiaron los parámetros de la política en sus países. No lo es. Todos estos reformadores cambiaron la política de sus países porque tomaron rígidos partidos extremistas de izquierda, que habían quedado tan atrasados como lo está ahora el FMLN, y los transformaron en partidos modernos de izquierda democrática, que ya no buscaban destruir la economía de mercado sino fortalecerla, generando una estabilidad que fomentó la paz social y el progreso económico.







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