El ciego de la iglesia, que rrecostado sobre la gran puerta de madera tallada de angelitos, hacia cuentas al tacto y con una parsimonia de ángel de lo recaudado ese domingo de misa, fue el primero que sintió los vientos anormales de enero, y desde ese momento supo que llovería recio en el verano. Cuando el padre Muñiz, un mejicano mas viejecito que el tren del pueblo, mandò a los feligreses a darse el abrazo de la paz, fue cuando explotó el trueno mas fuerte, Martín sintió que sus botas viejas, se le habían apretado del susto, se le acercò a su mujer y le dijo - Pareciera que se va a caer el infierno, y mis botas guerreras lo han sentido- su mujer lo mirò -no es hora de invocar malas ideas-le dijo, y él repuso para olvidar lo dicho - va a llover en enero, sì, contesto ella, y no guardamos el perico que te regalo la niña Bertha.
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